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Los recursos renovables son aquellos cuya naturaleza es considerada infinita e inagotable. Entre las fuentes energéticas más conocidas que se clasifican en este renglón se encuentran la energía solar, la eólica (viento), la hidráulica y la biomasa. El interés que en los últimos años han despertado estas fuentes tiene dos orígenes: el ambiental y el económico. El primero, el cambio climático, un fenómeno global producido por la modificación de la composición de la atmósfera por la quema de combustibles fósiles (gas natural, carbón y petróleo) y el segundo, el económico, por la previsión del agotamiento de estos combustibles y, por ende, la crisis energética venidera.

Las fuentes energéticas renovables han sido utilizadas por la humanidad a lo largo de su historia para diversas actividades. Con el descubrimiento de la electricidad, el desarrollo tecnológico se apoyó en los combustibles fósiles porque eran explotables de forma más económica y se relegó a un segundo plano las energías renovables y, desde entonces, el interés ha estado enfocado en cómo producir electricidad aprovechando estas fuentes, con la excepción de la hidráulica que fue fácilmente adaptada para este fin y se posicionó como el recurso energético renovable por excelencia del siglo XX. Tanto fue su impulso que actualmente casi todo el potencial hidráulico del mundo ya está siendo explotado.

Es importante destacar que todas las fuentes energéticas, renovables y no renovables, generan una huella ambiental y emiten gases de efecto de invernadero (GEI). Tal emisión se puede dividir en dos grandes momentos: durante la construcción de las plantas y su operación. La diferencia entre las llamadas “energías verdes”, en donde se incluyen la solar, eólica, hidráulica y nuclear, y las fósiles radica en que las primeras no emiten gases durante su operación. Se debe resaltar que la biomasa se considera como una forma de energía verde ya que, aunque emite gases durante su operación, su balance de emisión – absorción es neutro.

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A pesar del gran impulso que hoy día tienen las tecnologías renovables, sólo el 3% de la electricidad del mundo se produce por el conjunto solar, eólico, geotérmico y calor, y para el 2030 se prevé que ese valor llegue a 11,8% (IEA 2010 Key World Energy Statistics).La raíz del problema con el cambio climático radica en que estamos en presencia de una situación ambiental cuyo enfoque se está planteando desde la perspectiva económica ya que, como sociedad, lo que estamos buscando es cómo seguir abasteciendo nuestros requerimientos crecientes de energía, especialmente en electricidad y transporte, pero ya no con fuentes fósiles, sino otras más limpias. Es como si quisiéramos simplemente desconectar el enchufe de la torre de petróleo y conectarlo en el tomacorriente verde. Lamentablemente este problema no es tan simple como cambiar de proveedor, requiere de un viraje importante del patrón de consumo para que estas medidas sean efectivas.

Toda la situación descrita anteriormente se observa en Venezuela desde una perspectiva bastante particular. Por ser un país energético por excelencia los habitantes somos inconscientes del uso irracional que hacemos de nuestros recursos, y esto se refleja en los hábitos de consumo, asociados al carácter prácticamente gratuito de la energía. No obstante, esta riqueza ha posibilitado la instalación de industrias pesadas como las del hierro, acero, aluminio, entre otras, que gracias al potencial hidroeléctrico, que genera cerca del 70% del consumo nacional, se han podido motorizar sin la emisión de GEIs, como en otros países.

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Aunado a esto, el año 2012 fue el mejor año en la historia moderna de Venezuela en lo que a energías alternativas se refiere, ya que se pusieron en operación dos parques eólicos ubicados en las zonas de mayor recurso del país: La Guajira y Paraguaná, entregando 25 y 30 megavatios al Sistema Eléctrico Nacional, respectivamente, de energía limpia sin emisión de GEIs, lo que significa la materialización de lo establecido en el Plan de la Nación Simón Bolívar (2007-2013); no obstante, bajo un sector estatizado la posibilidad de crecimiento depende únicamente de la capacidad de recursos del Estado y se limita la participación de promotores independientes que fomentan, entre otras cosas, la investigación y desarrollo de tecnología local.

Técnicamente hablando, Venezuela es altamente dependiente de bases de datos meteorológicas satelitales, cuya resolución y precisión puede ser aceptable para instalaciones de pequeña capacidad pero no para sistemas industriales. Es necesaria la elaboración de mapas que cuantifiquen los recursos eólico, solar, geotérmico, etc. de forma confiable y precisa. Esto permitiría conocer a ciencia cierta el potencial energético de estas fuentes en los distintos lugares del país, para así estructurar la planificación y, con ella, las políticas de fomento y promoción. Algunos de estos mapas están actualmente en la etapa de levantamiento de la información, aunque su alcance (nacional, local o regional) es desconocido.

Desde el punto de vista empresarial, el número de compañías fundadas del ramo renovable son meras empresas comercializadoras e instaladoras de este tipo de tecnologías. Éstas han triplicado su cantidad en los últimos 5 años como consecuencia de lo planteado en el Plan Simón Bolívar y la crisis eléctrica del 2009. Los proyectos más comúnmente vistos son los asociados a la electrificación de vallas publicitarias con energía solar, así como la instalación de postes de alumbrado público con esta energía. Es necesario enfatizar que el costo del alumbrado público con energía solar debería considerarse en zonas donde es complicado colocar un poste conectado a la red eléctrica (forma convencional). Ahora es común observar postes solares al lado de convencionales, incluso encendidos al mismo tiempo, lo que es un despilfarro de recursos que se pueden utilizar para otros fines.

En conclusión, las energías renovables son una alternativa para la solución de la crisis energética y ambiental mundial, entendiendo que ellas deben ir acompañadas de un grupo de cambios conductuales sociales importantes que enfoquen la prioridad hacia el bajo consumo, el aprovechamiento de los recursos locales y su reutilización. En Venezuela, estas tecnologías entraron para quedarse tanto desde el vista político como legal y comercial, pero con esta perspectiva iniciamos una nueva etapa en que la inversión debe realizarse de forma racional, apoyando las tecnologías que realmente permitan el desarrollo nacional, éste apalancado en la investigación y desarrollo de tecnologías autóctonas, con base en la posible aplicación comercial y sin despilfarro de recursos.

Publicado en: Revista CONTACTOS de la Cámara de Comercio Venezolano – Alemán (CAVENAL), Edición III, 2013, pp. 8-9