biocombustibles

El término “biocombustibles” le indica a cualquier persona, conocedora o no sobre la materia, que se trata de alguna forma de energía proveniente de la naturaleza, bien sea del aprovechamiento de recursos de materia orgánica en descomposición o su procesamiento en condiciones naturales. Tal vez sin conocerla por su nombre, ésta ha sido la fuente energética por excelencia de la humanidad desde el descubrimiento del fuego, al emplear la leña y carbón vegetal para los diversos usos domésticos. Hoy en día, este combustible es empleado primordialmente en las zonas de extrema pobreza para cocinar.

A pesar de su extendido uso doméstico, los biocombustibles empezaron a tomar notoriedad pública en el marco de la planificación estatal relacionada con la seguridad energética, y el combate al cambio climático, ya que estos se presentan como una alternativa potencial a los combustibles fósiles; sin embargo, su implementación ha sido un tanto controversial al tener un impacto ambiental directo en la deforestación y la seguridad alimentaria del mundo. En el presente artículo se evaluarán las diversas consideraciones técnicas y los rendimientos exitentes en el empleo de esta fuente de energía.

Técnicamente hablando, los biocombustibles son aquellos medios portadores de la energía almacenada por la biomasa, considerados como una fuente renovable al ser una forma transformada de la energía solar1. Estos, se clasifican de acuerdo a su origen y tipo. La primera categorización corresponde si el combustible es de tipo sólido, líquido y gaseoso, a lo cual se le denomina biomasa, biodiesel/bioetanol y biogas, respectivamente. La clasificación de acuerdo al tipo, los agrupa entre aquellos biocombustibles sin elaborar (primarios), y los procesados (secundarios).

Biodiésel vs. Bioetanol

Como se planteó anteriormente, el auge de los biocombustibles en la era moderna vino con la percepción que estos podían ser una alternativa a los combustibles fósiles, especialmente en el sector transporte que comprende el 23% de las emisiones2 de CO2 para el 2015. Cabe la pregunta, ¿Entre el biodiésel y el bioetanol, cuál emplearía usted para su uso cotidiano? Tal vez le sorprenda la respuesta correcta, y es… “depende”. Ya verá el por qué.

El biodiésel, como su nombre lo indica, es el biocombustible que se mezcla con el residual de petróleo #2, o diésel, o gasóleo como se le conoce en España. Proviene de aceites vegetales obtenidos de cultivos oleaginosos, como la colza, el girasol, la palma o la soya. El bioetanol, en cambio, es un alcohol que se mezcla con la gasolina y se obtivene a partir de cultivos ricos en azúcares como la caña de azúcar o la remolacha, o de cereales como el maíz, el trigo, la cebada o el centeno, mediante un proceso de fermentación y posterior destilación. Es por ello, que la escogencia dependerá del tipo de motor que su vehículo o aplicación disponga.

Es necesario destacar que los biocombustibles se emplean como aditivos a los fósiles, ya que existen limitaciones en los motores en cuanto a la cantidad incorporable a la mezcla que no perjudique su correcto funcionamiento. De forma comercial, se identifican con una letra (E – bioetanol – y B – biodiésel-)  para indicar el tipo, seguido de un número con el porcentaje en la mezcla. Por ejemplo, un E5 es un biocombustible con un 5 % de etanol y el resto gasolina. A éste le siguen el E10, E25 y el E85, el de mayor porcentaje de etanol empleado. En el caso del biodiésel se emplean el B5, B10, o B20. Mientras mayor sea el porcentaje incorporado a la mezcla, será teoricamente menor la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero liberada al ambiente.

Ahora bien, como el biodiésel y el bioetanol provienen de cultivos diversos es de esperarse que exista una especie de rendimiento, o eficiencia, de acuerdo al tipo de materia prima empleada. Es por ello que se ha evaluado técnicamente la energía empleada en la obtención, procesamiento y distribución de las distintas fuentes, y se ha contrastado contra la energía entregada por éstas.

En el caso del etanol elaborado a base de cultivos, los balances estimados muestran que cuando se emplea maíz como matriz prima (EEUU como principal exponente), la relación entre unidad de energía obtenida por unidad de energía invertida es un poco menor de 2 a 1, pero cuando se emplea la caña de azúcar (caso brasilero) ésta asciende entre 2-8 a 1. Para el biodiésel, el usar aceite de palma produce entre 8 y 10 unidades de energía adicionales1. Si fuera su opción escoger, ¿cuál emplearía usted?

Amenazas a la Seguridad Alimentaria

Si bien es cierto que las bondades teóricas del uso de los biocombustibles son considerables, en la práctica han traído consecuencias sociales y económicas cuantiosas. Al provenir la materia prima de los cultivos, se está fomentando la monoproducción, y la consecuente ampliación de la frontera agrícola, especialmente en los países del tercer mundo, trayendo como consecuencia la deforestación, la destrucción de ecosistemas, entre otros impactos ambientales. En el caso de Estados unidos, con una apuesta al maíz como materia prima (de bajo rendimiento, cabe destacar) se está incidiendo sobre un insumo directo de la dieta del ser humano, con las consecuencias ya palpadas para la seguridad alimentaria del planeta.

En conclusión, los biocombustibles son una alternativa al empleo de los combustibles fósiles tanto en la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero del sector transporte, como en la soberanía energética de las naciones, siempre y cuando la materia prima empleada posea un rendimiento apreciable, se obtenga de procesos de descomposición u otro que no atente contra la seguridad alimentaria del planeta, y no se fomente la deforestación. Si estas consideraciones no se toman en cuenta, efectivamente lograremos reducir el indicador de emisiones de CO2 de los vehículos a un mínimo, pero sólo porque no se plantearon en la ecuación las emanaciones resultantes de la tala y la quema de los espacios vírgenes.

Publicado en: Revista Commodities Venezolanos, 20va Edición. pp 20-21. (Ver publicación)

Referencias:

  1. FAO. 2008. Biocombustibles y Agricultura: Panorama Técnico. Obtenido en: ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/011/i0100s/i0100s02.pdf pp. 11-19
  2. Comisión Europea. 2016. Trends in global CO2 Emissions. Obtenido en: http://edgar.jrc.ec.europa.eu/news_docs/jrc-2016-trends-in-global-co2-emissions-2016-report-103425.pdf. Pág. 35
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