petróleo

Aunque la decisión de Trump de retirar a los Estados Unidos del Acuerdo de Paris hace recordar los inicios del Siglo XXI cuando la administración Bush no ratificó el Protocolo de Kyoto, el entorno social, medioambiental y geopolítico ciertamente no es el mismo. Una comunidad internacional alineada y decidida a combatir la mayor amenaza de estos tiempos para la humanidad – el cambio climático – simplemente continuará y reforzará sus metas locales y regionales, con lo cual mejorarán su seguridad y estabilidad energética, así como su capacidad de adaptación ante el avance de este flagelo.

En Venezuela, el análisis a realizar es totalmente diferente. Aunque el país sólo aporta menos del 1% de las emisiones mundiales de Gases de Efecto Invernadero (GEI), su contribución per cápita es la mayor de la región latinoamericana; y no conforme con ello, suministra los combustibles fósiles que países como Estados Unidos, China, y La India (que mayores GEI emanan) emplean para motorizar su economía. Con esto en consideración, las emisiones de Venezuela son sustancialmente mayores que las que se reportan sólo por su consumo interno. ¿Cuán mayores? Difícil de estimar, porque la cesta petrolera del país no es uniforme, y está compuesta de forma importante por hidrocarburos extra-pesados cuyo procesamiento es extremadamente complejo.

Adicionalmente, Venezuela es el país con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, lo que indica que desde el punto de vista del recurso se puede prever que la industria petrolera nacional seguirá operando en la forma actual hasta que éste se agote; sin embargo, existe la posibilidad que gran parte de esa masa energética no pueda extraerse porque el cumplimiento del Acuerdo de Paris implicará que serán apoyadas tecnologías emergentes y eficientes, fuentes energéticas renovables y alternativas, así como un incremento a las regulaciones de calidad de aire de los subproductos de la combustión de fuentes fijas y vehículos: azufre, hollín, polvo, monóxido de carbono, etc. Ante esta posibilidad, surge la interrogante ¿Llegará a ser superado el petróleo?

Para responder la pregunta, primero es necesario conocer en qué se usa el petróleo. Éste, no es sólo una fuente energética para el transporte – ver artículo Aquí – y la producción de electricidad, sino que dentro del proceso de refinación petrolera y producción petroquímica, la degradación y transformación de la molécula del hidrocarburo la convierte prácticamente en la base de todo el consumo del ser humano de la actualidad. De tal manera que la respuesta no es sencilla. Aunado a esto, e incrementando la complejidad de la pregunta, son tres los combustibles fósiles primarios cuyo efecto es el causal del cambio climático: carbón, petróleo y gas natural (en orden de contribución).

De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (IEA, en inglés) el carbón se emplea fundamentalmente en la producción de electricidad; mientras que el petróleo en el transporte (diésel, gasolina, combustible de avión, en orden decreciente) y la industria; y el gas natural es la fuente energética por excelencia del sector industrial1.

Entre las acciones destacadas para mitigar las emisiones se encuentran: generación de electricidad mediante fuentes renovables – ver artículo Aquí -, empleo de aditivos en la mezcla de diésel (biodiesel) y gasolina (etanol) – ver artículo Aquí -, la captura y secuestro de CO2 tanto para las empresas del sector energético como industrial, y la eficiencia energética – ver artículo Aquí -. Ahora bien, con base en los principales usos de los combustibles fósiles mencionados anteriormente, sólo son los biocombustibles los que van dirigidos a desplazar al petróleo, e incluso ellos lo emplean como parte de la mezcla.

Queda entonces como alternativa tecnológica los vehículos eléctricos cuyo uso se está masificando, pero es un proceso de ganancia de mercado que todavía falta por materializar, e incluso hasta el 2040 de acuerdo a cifras del Departamento de Energía de EEUU (DOE)2 su uso será minoritario.

¿Y qué pasa con el mercado?

Por todo lo descrito anteriormente, el petróleo difícilmente será superado en un mediano plazo, incluso con una visión hacia el 2040, salvo una disrupción tecnológica imprevista. Para Venezuela y su principal fuente de ingreso, a pesar de este escenario “favorable” la posibilidad de colocación de su producto dependerá en gran medida de su manejo en el mercado energético mundial, en donde no sólo participan las diferentes tecnologías, sino fuentes energéticas similares como el gas y petróleo de esquisto, así como nuevos competidores.

Es ahí que la decisión de Trump de retirarse del Acuerdo de Paris, y su reimpulso político al uso de las fuentes fósiles, se convierte en la principal amenaza para el petróleo venezolano que desde hace más de una década ha ido perdiendo terreno progresivamente en su mercado natural, el norteamericano, ya que se ha enfocado en los más lejanos como el chino o indio, y los acuerdos regionales como Petrocaribe. A esto se suma la merma en la producción que indudablemente es cubierta por otro competidor, y el problema financiero actual en el que se encuentra la empresa estatal venezolana.

Un punto que siempre es importante recordar es que los Estados Unidos es uno de los principales productores de crudo del mundo, pero a su vez es el mayor importador. En otras palabras, su consumo no es cubierto por su producción local, siendo parte de ella también exportada, y debe importar la diferencia con proveedores foráneos. Hoy en día, Venezuela está incrementando su consumo interno debiendo importar cada vez más combustibles, bien sea para el pre-procesamiento del petróleo de la faja o para el consumo final. Un escenario de atención no es tanto que el petróleo sea desplazado como fuente energética mundial, sino que seamos como Estados Unidos, un importador neto.

En conclusión, aún queda mucho tiempo para descartar al petróleo como fuente energética fundamental, no sólo por sus aplicaciones energéticas sino por los procesos productivos a los cuales está atado. Una disminución en su empleo sólo estará ligada al manejo de los mercados por su saturación con productos similares y/o competidores nóveles. El terreno es complejo para Venezuela, donde debe enfocar sus incentivos en el fortalecimiento de los proveedores locales, y convertir en política de Estado la disminución del consumo energético, no sólo el eléctrico sino el de los combustibles fósiles. La recuperación económica pasa por el restablecimiento de los niveles de producción, y estos a su vez, implican un consumo energético elevado que mal orientado puede conllevar en el futuro cercano a comprometer la operatividad de la industria petrolera nacional.

Publicado en: Revista Commodities Venezolanos, 21va Edición. pp 16-17. (Ver publicación)

Referencias

  1.  IEA. CO2 Emissions from Fuel Combustion Highlights, 2013.
  2. https://www.eia.gov/outlooks/ieo/pdf/0484(2016).pdf – ver más
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